Valladolid es la única provincia española con cinco Denominaciones de Origen: Ribera del Duero, Rueda, Cigales, Toro y León. Sin embargo, en el casco urbano no hay viñedos. La ciudad se asienta en un valle aluvial con suelos demasiado ricos para la vid, que prefiere los páramos calizos y las terrazas fluviales cercanas.
## Las cinco denominaciones
Ribera del Duero — El emblema del vino tinto español. Más de 23.000 hectáreas de viñedo a ambas orillas del Duero, fundamentalmente en la provincia de Burgos pero con una porción importante en Valladolid. La uva es el Tempranillo (aquí llamado Tinto Fino o Tinta del País), que en este suelo y a esta altitud produce tintos de gran estructura, acidez marcada y un potencial de envejecimiento extraordinario. Bodegas de referencia: Vega Sicilia (fundada en 1864, considerada la bodega más prestigiosa de España), Pesquera, Emilio Moro, Protos, Pago de Carraovejas.
Rueda — El reino del blanco. Más de 32.000 hectáreas, de las que casi 29.000 son de Verdejo, la variedad autóctona del sur de la provincia. Produce blancos aromáticos, frescos y de gran personalidad, con notas herbáceas y cítricas. También se elaboran espumosos y vinos con Sauvignon Blanc. La DO Rueda fue la primera en España en regular específicamente los blancos.
Cigales — Al norte de Valladolid, a ambos lados del Pisuerga. Históricamente famosa por sus rosados de gran expresión aromática, elaborados con Tempranillo, Garnacha, Verdejo y Albillo. En los últimos años sus tintos han ganado protagonismo y reconocimiento internacional.
Toro — Al oeste, en los límites con Zamora. Su uva emblema es la Tinta de Toro, una variante autóctona del Tempranillo adaptada a los suelos arenosos y el clima extremo de la comarca. Produce tintos muy potentes, con alta graduación y gran concentración.
León — La más septentrional. Vinculada a variedades autóctonas como el Prieto Picudo y el Albarín.
## La ciudad como mercado
Valladolid no producía vino, pero lo comercializaba para toda la Corte. El subsuelo del centro histórico está horadado por cientos de bodegas antiguas donde se envejecía el vino que llegaba de los pueblos. Durante la capitalidad (1601-1606), abastecer de vino a la corte de Felipe III fue uno de los grandes negocios de la ciudad.